El pasillo es largo. Durante diez minutos hay gente en él. Durante diez minutos hay dos personas a cierta distancia que se enfrentan. Él en una punta y ella en otra. Se miran. En forma directa y sin disimular o entre todas esas personas. Las miradas se encuentran y se esquivan. Es un juego. Se juega de a dos y nadie está obligado a nada. Sólo se miran si quieren. Y ellos lo hacen. No se saludan, ni se sonríen. Simplemente se miran el uno al otro. Nunca están solos. Siempre están acompañados por alguien más. Pero esa compañía no impide que busquen. Ella tiene sus motivos para verlo. Pero ¿Y él? ¿Qué pasa? ¿Por qué la mira? Tal vez solo lo hace para devolverle la mirada. O quizás sea por algo. Ella sólo sabe que la mira. Y en cierto punto, le gusta. Se van a seguir mirando hasta que uno de los dos rompa ese silencio a distancia. O hasta que uno de los dos se canse. No importa cual sea el caso, por ahora, ellos se miran.




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